¿Sabías que...?



¿Es verdad que hay que comerse la fruta con piel? 

La piel de las frutas y de las verduras está llena de nutrientes, pero también de pesticidas y de cera, con la que las bañan para darles brillo antes de venderlas, por lo que siempre hay que lavarlas o pelarlas antes de comerlas. Esos bonitos colores, con los que la naturaleza pinta las frutas y verduras, contienen pigmentos que poseen magníficas cualidades antioxidantes para protegerlas de los radicales libres, como el resveratol , por ejemplo, un antioxidante que se encuentra en la piel de la uva y de otras frutas. Sin embargo, no todos los nutrientes se encuentran en la piel, ya que tanto ésta como la carne de frutas y verduras contienen vitaminas, fibra y minerales, entre otros nutrientes. El licopeno, que da ese bonito color rojo a los tomates y a los pimientos, se encuentra por dentro y por fuera y las manzanas y las patatas, mantienen casi todos sus nutrientes después de pelarlas. Por lo tanto, podemos quitarles la piel sin perder más que una pequeña parte de los beneficios que nos aportan. 



¿Es verdad que el chocolate negro no engorda?



NO   es cierto que el chocolate negro no engorde, por lo tanto tampoco es cierto que se pueda comer libremente cuando se está a dieta. Es más sano porque al contener más cantidad de cacao, contiene algo menos de grasa, pero en realidad tiene casi tantas calorías como el chocolate con leche, más de 550 kcal. por 100 grs. 







¿Sabías que comer y cenar con un refresco puede hacerte engordar hasta 12 kg en un año?

Mucho se habla últimamente de las consecuencias de beber refrescos azucarados, sobre todo de la obesidad y de que la obesidad conduce a  la diabetes, entre otras enfermedades. 

Comer y cenar bebiendo refrescos en lugar de agua, se ha convertido en un hábito para muchas personas, que no son conscientes de los efectos que un gesto tan simple puede producir en su salud. 

Resulta paradójico que haya quienes sustituyen el azúcar del café por sacarina después de haberse tomado un refresco, ya que una lata de 330cc de refresco contiene 33grs de azúcar. Si tomas una lata en la comida y otra en la cena, habrás añadido a tu dieta diaria 280kcal, más o menos la misma cantidad de energía que consumes cuando caminas 2 horas, vas al gimnasio durante 1 hora y 40 minutos y juegas al tenis durante 1 hora. Y el mismo resultado se aplica al consumo de 2 tercios de cerveza o de un cubalibre al día.

Machacarse haciendo ejercicio para quemar un par de latas de cerveza o de algún tipo de refresco, no es algo que habitualmente se haga, así es que, esas 280kcal de más, que se consumen cada día, hacen un total de 102.200kcal en un año. Traducido a kilos, algo tan tonto te puede hacer engordar 11 kilos y 355grs. ¿Crees que merece la pena?



¿Qué es una intolerancia alimentaria?

Una intolerancia alimentaria es la incapacidad para digerir un alimento. En la digestión intervienen diversas sustancias, que segregamos por la saliva, el estómago, la vesícula biliar,  el páncreas y el intestino. Por ejemplo, segregamos un enzima diferente para digerir cada tipo de azúcar (el de la fruta, el de la leche, etc.). Cuando la cantidad de uno de esos enzimas es insuficiente para digerir determinado alimento, la digestión de dicho alimento puede resultar muy difícil o incluso imposible, lo que puede ocasionar molestias digestivas como dolor, hinchazón, gases y diarreas o incluso una malabsorción intestinal que ocasione una desnutrición importante.

Se puede tener intolerancia a cualquier alimento, pero las más comunes son la intolerancia a la lactosa y al glúten. 

Las causas de las intolerancias alimentarias pueden ser diversas: 

  • Enzimática (por déficit de enzimas para digerir el alimento, como ocurre en la intolerancia a la lactosa)
  • Farmacológica o química (por efecto de algunas sustancias presentes en los alimentos)
  • Indeterminada (reacciones a aditivos alimentarios)

Intolerancia a la lactosa, o ¿por qué la leche me sienta mal?

Cuando alguien dice que le sienta mal la leche es muy posible que tenga una intolerancia a la lactosa (el azúcar natural de la leche) por falta de lactasa, que es el enzima encargado de digerirla desdoblándola en glucosa y galactosa para que pueda ser absorbida a través de las vellosidades intestinales. 


Esta intolerancia puede aparecer a cualquier edad y de hecho se calcula que, solo en Estados Unidos, unos 30 millones de personas mayores de 20 años no toleran la lactosa y que aproximadamente un 70% de las personas adultas de todo el mundo tienen algún grado de intolerancia.

Existen varios tipos de intolerancia a la lactosa:
  • La intolerancia por pérdida progresiva (con la edad) de la producción de lactasa intestinal es la más común.
  • La ausencia total de lactasa desde el nacimiento se llama intolerancia "primaria". Es de origen genético y es la menos habitual.
  • La intolerancia causada por una gastroenteritis bacteriana o vírica o tras la toma de algún medicamento que haya afectado a la mucosa intestinal se llama "secundaria" y desaparece a los pocos días, si se hace una dieta blanda exenta de lactosa.
Los síntomas de intolerancia a la lactosa suelen aparecer entre 15 minutos y 2 horas después de haber consumido un alimento que la contenga y suelen durar entre 4 y 6 horas, produciendo:
  • Dolor abdominal
  • Inflamación del vientre
  • Flatulencias
  • Espasmos
  • Nauseas
  • Diarrea 
El grado de intolerancia a la lactosa varía de una persona a otra. Algunas personas pueden tolerar pequeñas cantidades, mientras que a otras les afecta la más mínima cantidad. 

Para evitar los síntomas se deben eliminar de la dieta todos los productos lácteos, así como cualquier alimento que los contenga, aunque actualmente existen en el mercado cápsulas y comprimidos de lactasa que en ocasiones pueden resultar útiles para ayudar a digerir la lactosa.

Tomamos agua de forma indirecta con los alimentos


La leche, las frutas y las verduras contienen un 90% de agua.

Los zumos son agua en su mayor parte.

La mitad del queso fresco es agua.

3/4 partes del huevo son agua.

Debemos beber de 6 a 8 vasos al día entre agua, zumos, caldos e infusiones. 


Hay que beber más agua en caso de:

Se muere 10 veces antes de sed que de hambre.     


Ejercicio físico

Mucho calor

Fiebre

Diarreas

Vómitos

Durante la lactación





¿Qué aceite es bueno para freír?



Para freír es conveniente usar aceite de oliva, porque resiste las altas temperaturas mejor que otros aceites (como los de girasol, soja o maíz). 

El aceite de oliva tarda más en descomponerse que el resto de los aceites, por lo que los alimentos que se fríen en él acaban menos impregnados. Por otra parte, el tiempo de fritura es corto y la temperatura que se alcanza dentro del alimento no es tan alta como cuando se fríe en otros aceites, lo que favorece la conservación de los nutrientes. 

Ver también "Consejos para freír con aceite de oliva"




¿Cuál es el mejor aceite de oliva?
Existen aceites de oliva de diferentes tipos, que dependen de la variedad y de la procedencia de la aceituna que se utiliza (arbequina, picual, etc.)

Si hablamos de la calidad del aceite, ésta depende del momento en el que se recoge la aceituna y de lo dañada que llega a la almazara.

Antiguamente la aceituna se  prensaba para extraer el aceite, pero hoy en día se utilizan centrifugadoras (parecidas a las licuadoras que se usan para hacer zumos de frutas), de las que salen tres calidades diferentes de aceite:

Aceite de oliva virgen extra: es el de mejor calidad. Se hace con aceitunas recogidas en los primeros días de cosecha y que no han fermentado. Es un aceite que huele a oliva fresca.

Aceite de oliva virgen: es un aceite de primera calidad. Puro y sin mezclas, tiene un sabor muy agradable. 

Aceite de oliva lampante: es el de peor calidad. Se hace con aceituna muy madura y dañada.  Huele fuerte y rancio y tiene más de 2 grados de acidez. No es apto para el consumo humano. ¡Cuidado! porque si no te fijas, puedes acabar consumiendo este tipo de aceite. 

Si observamos el proceso que siguen los diferentes tipos de aceite, vamos a descubrir que el aceite de oliva lampante es el que habitualmente consumimos como "aceite refinado de oliva de 0,4º". El proceso que sigue hasta llegar a convertirse en lo que compramos es el siguiente:

El aceite de oliva lampante se transporta hasta las refinerías de aceite, en las que se le somete a un tratamiento con productos químicos y filtros para eliminar impurezas, con lo que desaparecen también el sabor y el color del aceite original. El resultado recuerda poco al aceite, ya que tras el tratamiento se convierte en un líquido inodoro e insípido de color parduzco que contiene una buena cantidad de sustancias químicas procedentes del refinado. 

Para convertirlo en ese "oro líquido" que nos venden, se mezcla con una cantidad de aceite virgen que no llega al 20%, con lo que consiguen el aceite refinado de oliva de 1º (ahora llamado "intenso"). Con un poquito más de aceite de oliva virgen, se consigue el aceite de oliva de 0,4º (según reza en el envase "suave"), el más vendido en España.   Si miras la etiqueta verás que los fabricantes no especifican el proceso al que se ha sometido ni la proporción de mezcla que contiene. 



El pan no engorda

Aunque notemos que  cuando comemos con pan engordamos, el pan no engorda. Lo que engorda son los alimentos con los que lo acompañamos, como las salsas, la sobrasada, el paté, los embutidos o la mantequilla.

A pesar de su mala fama,  el pan es una fuente importante de hidratos de carbono -que constituyen la base de una dieta equilibrada- y contiene, además, una cantidad nada despreciable de proteínas, vitaminas y fibra. 

Es conveniente comer pan incluso cuando hacemos una dieta de adelgazamiento, ya que nos sacia y nos ayuda a comer menos cantidad de otros alimentos más calóricos. No  mojaremos las salsas y nuestros bocadillos serán vegetales, de lomo a la plancha, de jamón serrano sin tocino, de atún al natural o de queso fresco con tomate.  



¿Un filete o un pastel?

Se ha comprobado que la combinación en en una misma comida de proteínas (carne, pescado y huevos) con alimentos hidrocarbonados, como el pan, las pastas, las patatas (sobre todo cocidas) y el arroz, o con alimentos ricos en fibra, como verduras o pan, pasta y arroz integrales), es la que más nos sacia. Sorprendentemente, las grasas sacian menos, así es que, si sientes hambre continuamente, revisa tu dieta y reduce el consumo de grasas, que además de engordar te sacian menos y hacen que comas con mayor frecuencia.



                                                      LA UVA NO ENGORDA

Todos hemos oído en muchas ocasiones eso de que la uva engorda más que otras frutas y que se debe evitar cuando se está a dieta. En realidad, tiene el mismo valor calórico que el plátano o los higos. 12 granos de uva harían más o menos cien gramos de uva y tienen las mismas calorías que una manzana de 150 gramos. Por otro lado, contienen mucha fibra, por lo que, incluso estando a dieta, puedes disfrutar de su sabor y de sus extraordinarias propiedades depurativas y alcalinizantes.







¿QUÉ SON LOS ALIMENTOS FUNCIONALES?


El mercado de alimentación está saturado de alimentos funcionales, que compramos porque nos los publicitan como más que saludables. El yogur que sirve para reducir el colesterol, la leche con calcio o los cereales enriquecidos con vitaminas y minerales son una buena muestra de este tipo de alimentos con los que ya estamos muy familiarizados. Pero ¿sabemos qué son y para qué sirven? 

Los alimentos funcionales son solo "alimentos". Así, tal cual, alimentos de los de toda la vida. Se les llama "funcionales" porque se ha comprobado que destacan por sus cualidades nutricionales y porque nos aportan algún beneficio, como por ejemplo la zanahoria, que destaca por su alto contenido en betacarotenos, un antioxidante que neutraliza los radicales libres. 

Sin embargo, en los últimos tiempos se están creando alimentos funcionales de forma artificial, añadiéndoles ciertas sustancias que pueden beneficiarnos de alguna manera (vitaminas, ácidos Omega 3 y 6, minerales, etc.) La realidad, sin embargo, es que ni todos nos benefician, ni todos son saludables.*



EL PAN TOSTADO Y LOS COLINES ENGORDAN

No es cierto que el pan tostado, los colines y las rosquillas adelgacen. El pan sigue siendo pan, sea cual sea la forma que tenga y la cantidad de calorías que contiene sólo dependen del peso. Si tenemos en cuenta que e el pan tostado el peso se reduce, porque al tostarlo se elimina agua, el resultado final es un pan más concentrado y que tiene más calorías por la misma cantidad de peso que un pan fresco, por lo que engorda más.
A esto hay que sumar que algunos colines y rosquillas contienen aceites y otras grasas entre sus ingredientes, luego definitivamente engordan más.

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